Cuitas de un viejo lobo solitario

Autor: Juan Tobías Belmonte
foto:174/366
Autor: Juan Tobías Belmonte

El lobo solitario se refugia en la manada solo cuando el peligro está extinto, solo cuando las necesidades alimenticias del grupo se han saciado, solo cuando se encuentran en un refugio tranquilo y protegido. Solo en esos momentos baja momentáneamente la guardia, su instinto de alerta permanente se relaja y dedica unos instantes a si mismo, a mantener sus necesidades básicas para seguir vivo.

Los años de experiencia en el mundo de la Informática, me han hecho asociar esta actitud del viejo lobo, responsable de la manada, con la del administrador, responsable de los sistemas.

Una obsesión envuelve continuamente a todos las personas que pertenecemos a este sufrido club: nada puede fallar, hay que mantener la alta disponibilidad de los sistemas, el tiempo de actividad se tiene que acercar al 100%, 24×7 (24 horas, 7 días a la semana), performances de las maquinas al máximo y, sobre todo, si algo falla, que no haga “ruído” o sea el menor posible; que no perturbe la cotidianidad de la organización.

Una vida de llena de estados de alerta, de predisposición ante un posible incidente y de velocidad de reacción en la resolución de los mismos.

Un administrador se va construyendo a base de experiencias, de vivencias, de recuerdos y de la formación que va dando el tiempo y las múltiples circunstancias que envuelven su frío universo metálico. Un universo de hierro y potencia que nos va arropando, que poco a poco nos va integrando en él, como si de nuestra manada se tratase…

Ante un incidente, existen dos puntos de vista totalmente opuestos y, a su vez, plenamente complementarios.

El usuario ante un problema toma la siguiente actitud:

¡Problemas! Usuarios desesperados, nada funciona, todo falla, nervios y prisas… un desastre total.

El administrador, recoge esta preocupación y adopta otra actitud:

Tranquilidad, toma del mando, estudio del problema… más tranquilidad, búsqueda de soluciones… aún más tranquilidad y por último, resolución del problema.

Es una respuesta necesaria para que no se interrumpan las operaciones de los sistemas o, si se interrumpen, que sea lo mínimo posible. La calma y el autocontrol son herramientas que debería portar siempre un administrador y es su deber contagiarlas a los afectados así como transmitirlas a la organización. Después de todo, cuando la crisis acaba, se alcanza el objetivo principal: todos los sistemas arriba y a pleno rendimiento.

El siguiente paso, durante la calma, consiste en uno de los trabajos que más “agrada”: documentar las actuaciones y situaciones. Labor ingrata y poco estimulante, pero de un valor incalculable. Es el relato de la situación vivida,  la biografía, un reflejo claro de la vida del sistema, sus penas y alegrías, sus procesos e incidencias. Al fin y al cabo, un sistema es casi como un ser humano: tiene una vida y un camino temporal, como si fuera un ente con existencia propia.

Si han llegado hasta aquí y no se han aburrido, echarán algo en falta. Hemos hablado de resolución de incidentes, de vigilancia, de control, etc. Pero falta algo crucial, de mayor importancia cada día: la seguridad.

Es fundamental mantener en perfecto estado de “salud” a la infraestructura; siendo además de vital importancia, la protección de la misma ante cualquier problema. Los activos de la organización son elementos de un valor incalculable para la misma. Y la seguridad de sus sistemas, custodios de la información, es primordial.

Hay que proporcionar un estado de seguridad estable, fuerte, eficaz y ágil. Además, se debe permitir que sea flexible y dinámico… y, sobre todo, que la seguridad no afecte al rendimiento del sistema. Siempre se plantea el eterno dilema entre la seguridad férrea, dura y megalítica contra la flexibilidad de la operación diaria. Es un problema de difícil solución. Llegar a un equilibrio entre estos dos escenarios, nos lleva a veces a tener serios problemas en el cumplimiento de la Ley; a la que todos, sin excepción, estamos sujetos.

Seguridad, fiabilidad, eficiencia y tiempo en activo son los objetivos del administrador en la búsqueda de la excelencia y la mejora continua… como en la vida misma, como en una manada…